domingo, 14 de agosto de 2016

Chile y la irrupción del héroe difuminado


El cuestionamiento, la duda y búsqueda de otras miradas sobre los símbolos de poder, se han instalado el último tiempo en Chile. La enseñanza por décadas de una historia oficial, desde y por los vencedores, con una mirada nimia y escuálida de los vencidos parece estar un tanto más frágil que en mis años de colegio. Una historiografía donde por ejemplo los pueblos originarios quedan a la vera del camino del historiador clásico y academicista, parece al menos ceder un tanto de terreno a una no oficial, excluida, pero que indaga en temas olvidados intencionadamente por la elite intelectual.

En un país que trata con desidia y  latente distancia la historia y la lectura en particular, ella queda básicamente restringida y subordinada a personajes que dominaron sin contrapeso el discurso historiográfico en nuestras aulas. Encina, Frías Valenzuela, Villalobos, por nombrar  los más reconocidos. Algo pasó y sigue ocurriendo en Chile hace unos años, donde esta oficialidad instaurada e instalada como “la verdad” de nuestra historiaempieza a mirarse al menos con suspicacia, en la indagación de otras vertientes que apunten a develar hechos que no eran útiles o apropiados de insertar en el discurso nacional y patriótico. La figura del héroe en el billete, en un monumento y sobre un pedestal como parte de nuestra historia, identidad y alma de chileno, parece resquebrajarse en el último lustro.

La fotografía “Ecuestre” del artista visual Andrés Durán (Santiago, 1974) enuncia algo de eso.La desaparición del héroe a través de programas digitales con la intervención del monumento, simbolizan una pérdida gradual en la atención y credibilidad de nuestros próceres producto de la actual irrupción de una mirada distante a los íconos republicanos. Blanco y negro de la imagen, la espada y patas del caballo son los elementos que sobreviven al todo original. La bandera símbolo patrio por excelencia y una corona de flores acompañan los restos de una parte de la historia que parece desaparecer y desvanecerse ante la mirada de los espectadores. La pieza, es parte de la muestra “Monumento Editado” del año 2014, que Durán exhibió en las galerías Gabriela Mistral del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y Metales Pesados, ambas en Santiago. Dieciséis fotografías intervenidas de presidentes, militares, intelectuales y héroes son parte del conjunto de la obra.  Las estatuas de próceres como Diego Portales, Arturo Alessandri, Bernardo O´Higgins, José Miguel Carrera y Andrés Bello entre otros,  fueron objeto del trabajo de postproducción del artista.

¿Son sólo ellos los únicos héroes en la construcción de este país? ¿Merecen realmente llevar el título de próceres de la patria? ¿Desaparecen sus figuras en el ideario colectivo de este siglo? Son preguntas que la pintura,  la literatura y la fotografía por citar algunas artes, han empezado a plantearse y plantearnos desde la reflexión y el reparo. No sabemos si el arte instala esta nueva mirada o se hace cargo de una nueva forma de entender la realidad y nuestra historia. Con matices, ayudados unos más que otros del éxito mediático y publicitario televisivo, las “Historias Secretas de Chile” y “La Patria Insospechada” de los escritores Baradit y Lara Serrano respectivamente, también contribuyen a este momento de desordenar lo oficial y poner desde la literatura, debo señalar, hechos históricos tal vez de tono menor, pero obviados por alguna razón. Nuevas voces que al menos nos saquen en pleno siglo XXI de la rigidez de la mirada histórica y patriótica tradicional.
El mérito de estos escritores y de Durán desde las artes visuales por sobre todo,  es precisamente hacernos meditar sobre la construcción arquetípica de nuestra historia o tal vez debatir sobre la historia segmentada, seccionada e interesada de unos pocos, que difundieron y arraigaron monopólicamente en todo un país.  Como dijo el filósofo Castoriadis “Debemos cuestionar lo dado, esa es la función del saber”. Vale la pena intentarlo.



Jorge Opazo: retrato, fotografía y poder en Chile

El retrato, palabra de origen latino que adquiere significados como, “hacer volver atrás”, revivir, reducir y abreviar, es otra de las manifestaciones artísticas consustanciales a la historia del hombre. Egipto, Grecia y Roma, tuvieron al retrato como uno de sus métodos para inmortalizar a sus personajes poderosos e ilustres, en especial a través de efigies en esculturas y monedas. La llegada del Medioevo, conjuntamente con su cosmovisión teocéntrica, trajo consigo la casi inexistente presencia del retrato, reapareciendo y extendiéndose a la pintura a partir del Renacimiento producto de la importancia que toma el ser humano en su particularidad. De ahí en adelante, esta expresión visual y plástica circunscrita a la escultura y lo pictórico mantuvo un desarrollo en ascenso que se incrementa con la irrupción de la fotografía en el siglo XIX y XX.
Según Roland Barthes, lo que la fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. Sacar de nuevo a la luz, hacer revivir lo ya inexistente, es precisamente la sensación que la fotografía del chileno Jorge Opazo Galindo (Taltal, 1908 – Santiago, 1979) expresa en sus obras. El artista, quien también fue pintor, es considerado el más importante retratista de la primera mitad del siglo XX. El glamour y los poderosos eran el foco de su cámara con la intencionada elegancia y austeridad que reflejaban sus fotografías. Desde la década del treinta a los sesenta, fue el fotógrafo oficial de la élite local, quienes acudían a él por la particularidad de su trabajo, sin estridencias, cuidada composición e iluminación.
En el año 1938 es nombrado fotógrafo oficial de la presidencia, razón por la cual el trabajo de Opazo confluye desde ese momento con el poder político y la mirada anquilosada que se tenía de nuestros líderes republicanos. Al revisar su galería de presidentes fotografiados, desde Pedro Aguirre Cerda hasta Eduardo Frei Montalva, apreciamos el componente iconográfico de su trabajo, la relación de cada uno de los personajes retratados que responden a una concepción y tradición de austeridad, sobriedad y elegancia, entre otros valores que los gobernantes chilenos deben proyectar al país. Por lo demás, cada una de estas fotografías presentan símiles tanto en composición como en la idea que quieren representar. Estamos en presencia, claro está, de un arquetipo.
Cuenta la historia que fue la esposa de Pedro Aguirre Cerda, quien se contactó con él para fotografiar a su marido apenas llegó a la primera magistratura. Por esos años era de total conocimiento en la elite chilena el trabajo del fotógrafo, en especial por el trato “hollywoodense” que daba a sus imágenes. No había imperfecciones en los rostros, hecho apetecido por las altas esferas chilenas que pedían sus servicios. Tanto como retratista social u oficial, Opazo desarrolló una propuesta estética basada en la utilización de fondos lisos, recursos lumínicos, ángulos contrapicados y modelos sobrios y elegantes.
Analizando cada foto en particular encontramos a su vez elementos que se repiten intencionalmente, develando una temática de carácter iconográfico, como ya señalé. La fotografía en blanco y negro asociada históricamente al glamour de épocas pasadas, presentaba en ese momento y -debo señalar- en la actualidad, con el resurgimiento de la técnica, ventajas que el color carece. Según palabras de John Garrett en su libro “El arte de la fotografía en blanco y negro”, la reducción de la fotografía a tonos grises, obliga prestar atención a los rasgos del rostro, revelados por el juego de luces y sombras.
En el caso de las fotografías del artista, se cumple esta aseveración. Las tonalidades más claras sobre los rostros de los mandatarios permiten descubrir en ellos una mirada y gestos faciales que reflejan el temple, sobriedad y dignidad que un mandatario debía ostentar en su cargo. Otros elementos elegidos por la lente e iluminados de forma de entregar una tonalidad más clara, con el fin de resaltarlos, son la vestimenta, banda presidencial, escarapela y piocha. Estos remiten a símbolos de poder, autoridad y tradición que emergen desde los albores de la República.
El primero de ellos es la vestimenta. El uso del frac y corbata de lazo de color blanco, fue un elemento protocolar reiterado al momento de asumir el mando hasta la década de los setenta. Cabe señalar que Salvador Allende Gossens rompe con la tradición, al ser el primero que asiste a dicha ceremonia con traje de sastre. A su vez, la banda presidencial utilizada por primera vez de la mano de Bernardo O´Higgins, es el símbolo histórico de poder del primer mandatario. La escarapela y la piocha del mismo O´Higgins con la estrella de cinco puntas que simboliza el poder ejecutivo, también son parte de la mayoría de los retratos, nuevamente como elementos de la ostentación del poder y la autoridad.
Fotógrafo de moda en su época, amado por muchos y fallecido en completa soledad ante la indignación de su mujer por el “pago de Chile”, Jorge Opazo reflejó a través de su corpus fotográfico no sólo una parte de nuestra historia, sino una mirada de los valores que debían resaltar en la construcción de este país y encarnar los gobernantes sin distinción política, un elemento arquetípico propio del discurso que gobernar a Chile y velar por su presente y futuro, responden a un fin mayor.

jueves, 14 de julio de 2016

Colonia Dignidad: la realidad que supera con creces la ficción

Tal vez uno de los hechos y períodos más oscuros de la historia de Chile, vuelve a instalarse en el tapete de la opinión pública a gotas, a medias, a la chilena como siempre. Sí, porque después de algunas hipótesis sobre censura, incomodidad en los círculos de poder o nulo interés comercial por su exhibición, la película “Colonia” protagonizada por la británica Emma Watson, el alemán Daniel Brühl y bajo la dirección de Florian Gallenberger llega a las salas de cine chilenas el próximo 4 de agosto.
Debo precisar que su llamado debut cinematográfico en Chile es en el ámbito comercial y masivo, pues ya fue estrenada en nuestro país en recintos como el Estadio Nacional y el Festival Internacional BíoBío Cine entre otros. Como no intento en estas líneas entregar una crítica de cine, no me detendré a analizar el filme ni caer en los calificativos de desastre o pésima película que hemos escuchado especialmente en los noticieros más conservadores y derechistas de este país como los de Mega, Canal 13, la prensa británica o la estadounidense.
A mi parecer me parece sumamente más importante que la taquilla o la fama de sus actores, la posibilidad de visibilizar nuevamente lo que fue la existencia de esta verdadera secta, este enclave de colonos alemanes convertido en uno de los lugares más nefastos y lúgubres que con la complicidad de los estados de Chile y Alemania por más de cuarenta años, vulneró y atropelló los derechos humanos de cientos de personas. ¿Dónde? cerca de Parral, en una colonia llamada paradójicamente “Dignidad” que de dignidad para con sus habitantes poco o nada tenía.
Una mirada al contexto histórico
Colonia Dignidad, hoy Villa Baviera, nace en la década de los sesenta de la mano de una de las figuras más sórdidas de la historia de Chile. Paul Shäffer. El “tío permanente” como exigía que le dijesen en el enclave de inmigrantes y colonos alemanes, llegó a nuestro país el año 1961 donde el gobierno de Jorge Alessandri le otorga la autorización para crear la “Sociedad Educacional y Benefactora Dignidad” en las cercanías de Parral, séptima región. Dentro del prontuario del alemán ya contaba a su llegada con el hecho de haber pertenecido a las juventudes hitlerianas, su rol de enfermero nazi en la segunda guerra mundial y el haber sido acusado de abuso sexual contra dos menores el año 1959, una de las poderosas razones para desterrarse de Alemania y llegar a esta larga y angosta faja de tierra.
Colonia Dignidad, Dictadura de Pinochet y la Derecha Chilena
Las resoluciones de Amnistía Internacional y el informe Rettig del año 1991 confirmaron que en el interior del enclave se realizaron detenciones, apremios físicos y psicológicos perpetrados por la DINA y los aparatos represivos de la reciente dictadura militar. En los primeros años del régimen fue un centro de tortura donde hubo secuestros, muertos y hasta hoy desaparecidos con familiares que aún claman por justicia. Poco y nada ha sido el pronunciamiento del Estado chileno y el alemán en todos estos años. Shäfer quien después de huir de la justicia por más de ocho años y capturado en Argentina el año 2005 fue condenado por decenas de violaciones a menores, pedofilia y ligado a atropellos de derechos humanos efectuados por personal de la DINA en el régimen militar. El 24 de mayo de 2006 Schäfer es sentenciado de manera definitiva a 20 años de presidio mayor en su grado máximo por 20 delitos de abusos deshonestos y cinco por violaciones a niños, cometidos entre 1993 y 1997. Además el alemán fue ordenado a pagar una indemnización de 770 millones de pesos a 11 de los menores cuyos representantes interpusieron demandas civiles.
Por si fuera poco el mismo año 2006 cae sobre él y Colonia Dignidad una sentencia por infracción a la Ley de Control de Armas, traducida en una nueva condena de siete años más, por encontrarse en Villa Baviera diversos armamentos de guerra, explosivos, granadas, elementos químicos, lanza proyectiles, etc. Todo en suelo chileno con la complicidad del estado y de diversas autoridades locales y gobiernos de turno. ¿Cuántos colaboradores, cómplices y redes de apoyo tuvo el alemán para operar con tal impunidad por más de cuarenta años?
Las Redes de Apoyo y personeros UDI
Según declaraciones de la desaparecida ex ministra y prima de Pinochet, Mónica Madariaga, el fundador de la UDI Jaime Guzmán era uno de los asiduos visitantes al enclave. Madariaga en su momento expresó que Guzmán impartía clases a jóvenes militantes gremialistas de esa época. Pablo Longueira y Andrés Chadwick por ejemplo.
En 1991 el Gobierno del fallecido Patricio Aylwin buscó anular la personalidad jurídica a Dignidad, y 17 parlamentarios pertenecientes a la UDI y RN recurrieron ante el Tribunal Constitucional para alegar la inconstitucionalidad del decreto del ministerio de Justicia que declaraba disuelta la persona jurídica Sociedad "Benefactora y Educacional Dignidad". ¿Quiénes? Entre las firmas destacan importantes figuras de la derecha como el mismo Jaime Guzmán, Sergio Diez, Sergio Onofre Jarpa, Olga Feliú, Bruno Siebert, Mario Ríos, Sergio Fernández y William Thayer. Todos vinculados políticamente a la dictadura. El requerimiento fue rechazado, pero dejó de manifiesto cuán poderosa era la red de apoyo que protegía a Paul Schäfer y que permitió la impunidad por más de cuatro décadas. A mediados de los noventa se formó "un grupo de amigos" a favor del hospital y la escuela de Villa Baviera. Entre ellos se encontraban Hernán Larraín, Carlos Bombal, Evelyn Matthei, Andrés Chadwick, Jaime Orpis y Juan Antonio Coloma, entre otros. ¿Les suenan esos nombres?
El año 1996 el actual presidente de la UDI Hernán Larraín y Sergio Fernández reclamaron indignados por uno de los primeros operativos policiales que pretendían detener al jerarca alemán, quien debo recordar abusó sistemáticamente de niños alemanes y chilenos durante décadas. La derecha pinochetista pidió además la inconstitucionalidad de la orden de disolución de la colonia, situación que por fortuna fue rechazada por el Tribunal Constitucional. (Antiguo y actual conocido gremialista)
En 1998 la misma derecha negó la investigación por violaciones a los DD.HH. perpetrados en Dignidad, además los nuevos operativos policiales de allanamiento por las ya mencionados delitos ocurridos en Villa Baviera, recibieron duras críticas de los parlamentarios derechistas de la época, que por lo demás reconocieron cercanía y lazos de amistad con dirigentes de la colonia. Larraín uno de los más fervientes defensores del octogenario pedófilo alemán, señaló en su momento, que las acciones para esclarecer los hechos y buscar justicia, respondían a un montaje, una campaña para denostar a Colonia Dignidad.
En síntesis
Cuando leo en las diversas redes sociales recalcitrantes denostaciones a la película haciendo un juicio por catalogarla de izquierdista y limpiadora de imagen del gobierno de Allende, creo encontrarme nuevamente con la más baja calidad intelectual y valórica de muchos chilenos. Lo que ocurrió acá va más allá de estar de acuerdo o no con una dictadura o un sector político, durante más de cuarenta años diversos gobiernos chilenos hicieron vista gorda de crímenes aborrecibles contra menores de edad, maltrato y violaciones a niños, mujeres y hombres, tortura y vejaciones que dejaron una herida en la historia ya llena de cicatrices de este país. Hoy las víctimas y los familiares de aquellos que no volvieron o sufrieron los vejámenes de Shäfer y sus colaboradores siguen pidiendo justicia ante la indiferencia de la masa, de la prensa y los medios de comunicación con contadas excepciones. Hoy Villa Baviera es un hotel, sus paredes y rincones donde se violó, torturó y atropelló la dignidad de cientos de seres humanos, se visten de la gastronomía del kutchen y la cerveza, se realizan matrimonios y se pasa la raja. En un suceso sin precedentes en la historia contemporánea, se instala a vista de todos (una vez más) que no hay que mirar el pasado, la fiesta sigue, no desenterremos los fantasmas. Miremos hacia el futuro. Ese es mi Chile querido, el asilo contra la opresión.
Para más información visitar: http://www.coloniadignidad.cl/

Álbum de Chile: retazos de nuestra identidad


Una de las acepciones que entrega la Real Academia de la Lengua Española de retazo apunta a definirlo como un trozo o fragmento de algo, de un razonamiento o discurso. Nada más acertada dicha definición para referirme en estas líneas, a la Exposición fotográfica "Álbum de Chile" que por estos días se presenta en el Parque Cultural de Valparaíso (Ex Cárcel). Me remito a hablar de trozos o pedazos, pues la muestra siguiendo los patrones estéticos del formato álbum instala en sus paredes de color blanco, diversas imágenes de la historia pasada y reciente de nuestro país, su geografía, gente, tradiciones religiosas y folklóricas, costumbres, la modernidad. Un desfile de fotografías que al igual que las diversas técnicas utilizadas en su impresión, homologan la pluralidad de rostros y paisajes que intentan configurar un fragmento o botón de nuestra tan debatible identidad chilena.
La exposición que cuenta con más de 250 obras producto de una selección de la muestra original realizada el mes de enero en El Centro Cultural La Moneda, titulada "Retrato de una Nación" y curada por Gonzalo Leiva, realiza una simbiosis entre lo visual y lo narrativo, donde la fotografía como documento queda al servicio de una historia, una narración que plasma un discurso político y social que por momentos parece cuestionar el mito de nuetro orden republicano, instituciones y héroes, lo que lo oficial ha instaladado como "Identidad Nacional".

Chile enfrentado constantemente por el mito y las heridas a través de lo visual. Un mito que apunta siempre el relato de una creación, a lo que fue y ha empezado a ser. Me quiero detener en esta primera parte de la muestra. Me llamó profundamente la atención lo planteado en algunos textos curatoriales de Leiva, el esbozo de ciertas tesis sobre el rol de la fotografía para representar nuestra nación en los primeros años de la República. Preguntas cómo ¿Es Chile un país homogéneo? ¿La bandera nos identifica? o ¿Dónde radica la belleza en Chile? intentan a través de las fotografías que el espectador pueda responder esas preguntas o al menos cuestionar la instalación de ciertos emblemas y tópicos en cuanto ser chileno. Por otra parte la sección llamada "Identidades individuales y Colectivas" apunta a la relevancia de la fotografía como documento y al retrato familiar en su conjunto e individualidad de sus miembros como otra piedra de nuestra construcción como país. La familia es el núcleo fundamental de la sociedad dicta en su artículo primero nuestra constitución, cabe recordar.
En cuanto a los héroes también hay una intención plausible por cuestionar tal concepto de lo heroico, del busto de la plaza, del billete, tal vez siguiendo la corriente literaria de moda con tintes de nueva novela histórica que de la mano por ejemplo de Jorge Baradit y Rodrigo Lara Serrano quienes han indagado precisamente en la historia no oficial, el lado b de Chile. Coincidencia o no en lo que atañe a los próceres, las imágenes nos ilustran al pueblo chileno trabajador, con vicios y virtudes, el hombre cotidiano que habita este país. ¿Cuáles son los verdaderos héroes chilenos? es la pregunta que a través de rostros curtidos por el esfuerzo y el cansancio del trabajo diario responden las fotografías a mi parecer con claridad.
Por último en cuanto mito, es interesante la relación que se plantea entre "Religiones y Catástrofes". El terremoto, maremoto, aluvión, temporal, las desgracias al parecer identifican nuestra raza, se enarbolan campañas solidarias, cánticos guerreros, loas de auto ayuda, alabanzas al ser chileno. Detrás de cada catástrofe por la inclemencia del tiempo o producto de nuestra geografía surge el mito que el chileno es valiente, solidario, se levanta, no claudica ante la adversidad. La religión cruza esa visión de mundo, lo profano y lo sagrado se mezclan, el ritual, lo folklórico. En los momentos de mayor agobio y desesperanza el hombre debe aferrarse a algo. La Religión es un salvavidas.
 En tanto, la herida entendida como lesión, la pena, el daño moral, dejó y sigue dejando cicatrices en nuestra identidad. Ésta recorre el mito y no al revés, hecho coherente en la disposición de esta segunda parte de la exposición, más pequeña y constreñida espacialmente que la anterior. La represión durante la dictadura militar, las protestas y pugnas sociales y políticas, el progreso destructor de la naturaleza y enemigo de la ecología, la exclusión de las minorías sexuales,la marginación, parecen herir el mito, lacerar como señalaba antes la imagen republicana de una nación que prefiere olvidar por miedo a encontrarse con sus fantasmas.
Es por ello que me parece valorable y positiva la intención discursiva a través de las imágenes presentes en la muestra. Hay en ellas una intencionada decisión de hacer reflexionar al espectador y en especial al chileno sobre la construción de nuestro país, los tópicos de pertenencia y las instituciones que articulan el arquetipo del ser chileno y de Chile, claro está. ¿Faltan más imágenes? ¿Sobran? ¿Son las suficientes o son demasiadas? Preguntas que dejo como tarea y discusión a los visitantes.
Para más información de la exposición visitar: http://parquecultural.cl/

domingo, 29 de mayo de 2016

VIDEO "CONTIGO SOMOS MÁS" PAULO CARRERAS CONCEJAL

Historia de un oso: "El triunfo de la cultura y la memoria histórica, en el Chile carente de ambas"

Me era imposible ocupar este espacio de comunicación y expresión, sin referirme en lo personal, al triunfo más importante de la cultura y el cine chileno en el último lustro, tal vez la última década o más. El premio Óscar que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, otorgó en su versión ochenta y ocho, al cortometraje animado chileno "Historia de un oso" de los realizadores Pato Escala y Gabriel Osorio, pone a este país nuevamente en las vitrinas de la cultura a nivel mundial, como alguna vez lo hicieron los grandes Gabriela Mistral y Pablo Neruda con sus premios Nóbel de Literatura o Gonzalo Rojas galardonado con el premio Cervantes, por citar solo a algunos. Pues sí, ha habido y hay otros chilenos brillantes en diversas áreas de la cultura, las letras, artes y ciencias, más reconocidos a nivel mundial que en su propia tierra, nombres que son de completo desconocimiento de la masa chilena, ayudada por la constante banalización y poco trato a la cultura que los medios de comunicación masiva tanto televisivos como escritos en su mayoría impregna en la sociedad chilena. En una función ideológica y orquestada que responde a intereses concretos de mantener al grueso de la población con exigua capacidad de análisis, reflexión y crítica, termina siempre invisibilizando el arte y los gestores que intentan bregar por la construcción de un país de mejor calidad humana e intelectual, la antítesis de lo que la pantalla grande y los pasquines reproducen diariamente. 
Lo mío no es un mero alegato nacido desde el supuesto, de la ficción, lo viví en carne propia, al desplazarme a mi lugar de trabajo. Hice el ejercicio el día posterior del triunfo chileno y no encontré un solo medio escrito, pero ninguno, que insertara a lo menos a la rápida un inciso que informara lo que había ocurrido horas antes en la entrega de los Óscar. Buscando una explicación, le di a la totalidad de los medios escritos el beneficio de la duda y asumí que ya estaba hecho el tiraje de la prensa y que por horario no habían alcanzado a cubrir la noticia. Esperé al día siguiente, el recorrido fue el mismo, ilusamente ahora sí esperaba al menos portadas con el triunfo del cine chileno. Las Últimas Noticias mostraban en primera plana la relación de amor de Alexis Sánchez con sus perros, El Mercurio de Valparaíso tenía una miserable inserción en un rincón en la sección de artes y espectáculos, La Segunda perteneciente al mismo "Diario de Agustín" nada. Ninguna referencia. Paradójicamente fue La Cuarta, también perteneciente a la familia Edwards que en su portada incluyó a Leopoldo Osorio como el "abuelo" inspirador. Que distinta la prensa cuando ganamos la "Copa América" donde no hubo pasquín que no rotulara con grandes letras el triunfo futbolero chileno. No solo un día, sino que por semanas. Me pregunto: ¿Si el tenor del cortometraje hubiese sido otro, el sentido, el trasfondo, hubiese habido más exposición? Hay que solo revisar quienes manejan los medios escritos. Un duopolio. Edwards, Saieh. La colusión del conservadurismo fascista,la estulticia y la alienación de la masa que impregna la sociedad y nuestros lugares de trabajo. 
Una noche histórica
El premio recibido ese lunes 28 de marzo, por los chilenos Patricio Escala, Gabriel Osorio y el estudio audiovisual PunkRobot, lo celebré con intensidad, con profunda alegría y convencimiento que estos realizadores además de bregar y derrotar al monstruo de la animación Pixar, me imagino que su camino más difícil fue producir y crear esta obra con escasos resursos, en un país que tiene a la cultura entre sus prioridades más distantes del ideario colectivo. Es ahí doblemente meritorio lo conseguido por este equipo de jóvenes y es fundamental visibilizarlo hasta el cansancio, instalar esa otra mirada que en Chile se puede y se DEBE hacer, pero no desde esa mirada populista de ciertos políticos de colgarse de estos reconocimientos, en especial algunos de derecha, que me imagino no habían visto el cortometraje pues hay un contexto político que no se debe pasar por alto, parte de la génesis de la historia e inspiración de los guionistas. El exilio, detención y prisión del abuelo de Gabriel Osorio en la dictadura de Pinochet. Don Leopoldo Osorio Cornejo, antiguo Regidor de Maipú y secretario del presidente Salvador Allende Gossens.
Contexto de Producción y la mirada que debemos instalar en las nuevas generaciones
Apenas conocido el triunfo de esta producción nacional las redes sociales, en especial twitter que es el que ocupo con mayor frecuencia y asiduidad, reflejaron un interés y orgullo por lo alcanzado lo que me despertó cierto agrado al leer a muchos compatriotas interesados en el tema. "Aún hay Patria ciudadanos" podríamos decir. Lo que sí me llamó la atención fue leer algunos comentarios de no politizar o ideologizar el asunto en aras de la tan manoseada reconciliación nacional o el "quedarse pegado" frase utilizada por la derecha y las personas que no profundizan el contexto de las cosas o porque lisa llanamente su construcción y formación educativa no fue en esa ruta. Como docente ahí está esa lucha, esa misión, pues si bien es cierto los mismos realizadores de la producción reconocen que una de las intenciones del corto es ir cerrando heridas y buscando los perdones mutuos, también son claros en plantear que la creación por más animada e infantil que parezca tiene un contexto político claro. El exilio y la Dictadura de Pinochet.
Como toda obra, sea literaria, pictórica o audiovisual como la mencionada, hay un elemento que influye e incide en ellas en mayor o menor medida, conocido como contexto de producción. La vida y biografía del autor, de sus cercanos, amigos o conocidos, los hechos históricos, sociales, políticos o artísticos que vivió y la ideología, valores y visión de mundo que tenga ante la vida van a ser elementos que reflejará en su obra, más o menos literales, más o menos inferenciales. Hacer una lectura básica, precaria televisiva (ironizando con lo que instalan los medios) sería precisamente lo que buscan los medios de poder. Esta no es solamente una historia de ositos como leí por ahí es una metáfora clara, concreta y precisa de la vida de uno de los tantos exiliados y detenidos de una de las dictaduras más feroces y cruentas de Sudámerica. Cuando la derecha habla de no politizar, no ideologizar, mirar las cosas desde un prisma meramente divertido en su verborrea patriotera clásica de "los triunfos de Chile" olvida lo otro, pero no en forma casual, en la forma intencionada que precisamente los grupos de poder y la educación han instalado en los colectivos de varias generaciones. Trabaje harto, mire, pero no piense.
"La película del estudio audiovisual "Punkrobot" está inspirada en la historia del abuelo del director Gabriel Osorio, quien sufrió el exilio durante la dictadura militar. La historia relata la vida de un oso que es separado de su familia y es llevado a un circo." (http://www.bibliotecanacional.cl/615/w3-article-56418.html)
Más allá y reitero mucho más allá de los colores políticos, debemos desterrar conceptos tan nefastos instalados por ciertos sectores y asimilados por una no menor masa, que la ideología es mala, que criticar constructivamente, hacer una lectura o dobles lecturas de las cosas es solo para eruditos "intelectuales" y que tener una posición fundada ante la vida te traerá problemas. "Historia de un oso" es el claro ejemplo que ese es el camino, que se puede tener ideología, cosmovisión, rescatar la memoria histórica del país sin caer en panfletarismos, pero a su vez instalando la máxima que un país sin historia no puede construir su presente, tenderá a repetir sus mismos errores en el futuro y lo peor nunca tendrá identidad.

domingo, 6 de marzo de 2016

La cultura de la basura: opio del pueblo e ideología televisiva

Creo que no es novedad para quienes ven con regularidad televisión y poseen una mirada crítica al respecto, encontrarse con el desfile de programas de contenido cultural nulo, llenos de frivolidades y sin ningún mensaje profundo, al menos sino es cultural, con algún valor para la posteridad.
Si quisiera detenerme a plantear una radiografía de la televisión chilena, al menos en su época pos dictadura y con la esperanza que nuestros padres y nosotros siendo niños teníamos del “Chile la alegría ya viene” en materia cultural, lo más probable es que además de extenderme y recurrir a tópicos y lugares comunes, acabaría llegando a la misma conclusión que muchos de ustedes tienen: la cultura de la basura como opio del pueblo.
La Televisión: el opio de los pueblos. El opio del pueblo o exactamente “La Religión es el opio de los pueblos” fue una frase escrita por Karl Marx el año 1844 y que aparece en la publicación “Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”. La máxima puntualmente plantea que la religión sirve como un sedante espiritual, una felicidad ilusoria del pueblo y que sólo despojándose de ésta se iniciaba el camino para alcanzar la felicidad real. Hoy en día que la religión es tan cuestionada, en especial la católica, otra institución posmoderna ha tomado la posta y lo ha hecho de una forma excepcional de la mano del capitalismo y neoliberalismo actual. Me refiero a la Televisión.
Los Medios Masivos de Comunicación y el neoliberalismo han pactado un exitoso negocio por décadas y en especial, precisamente para nosotros los ilusos que creíamos en la “apertura de las grandes alamedas” en esta época de democracia a medias, oligarquía en ciernes y dictadura de los grupos económicos, durante los gobiernos de la Concertación y hoy Nueva Mayoría (incluido obviamente el del derechista Sebastián Piñera). Desde el despunte del día hasta las últimas transmisiones, la totalidad de los canales de la señal abierta, casi sin distinción y con pequeñísimas excepciones que no mencionaré en este momento para evitar desviarme de la opinión, instalan un juego ideológico macabro, para nada azaroso de lo que la gente “el pueblo” (con bastantes dudas a esta altura del real término pueblo) quiere y necesita ver.
No es menor el dato que en pleno siglo XXI los asalariados, trabajadores, el otrora pueblo de Chile, ha abandonado cualquier atisbo de conciencia de clase sumergiéndose cada vez más en los brazos del individualismo, consumismo y hedonismo. Antivalores exaltados por la “caja idiota” con una profunda convicción que es la manera de tener a nuestros compatriotas en la estulticia, ignorancia y enajenación intelectual. Ergo una cultura de la basura.
A la intención de instalar esta cosmovisión de vida por parte del capitalismo se refiere precisamente el sociólogo chileno Tomás Moulian cuando dice:
“En el terreno de la cultura promueve una imagen hedonista del mundo que proviene de una fuente principal, la ideología en sí, expresada también en la propaganda, en la televisión.” (Moulian Tomás, 1998, El Consumo me consume, Santiago de Chile, Libros del Ciudadano, LOM, pág.23)
Creo que para sustentar estos argumentos, basta con ejemplificar lo que ocurre actualmente en nuestros canales televisivos donde sus horas son colapsadas por la gala del Festival de Viña del Mar y el Festival mismo, con el desfile de seres hedonistas e ídolos de barro para el maremágnum que presenciaba los suntuosos vestidos y trajes al talle y de diseñador en el casino de la ciudad jardín. La irrupción de estos sujetos anodinos, los llevaba al más completo clímax y sentimiento orgásmico cuando recibían la mirada lejana, el saludo protocolar o el autógrafo a la carrera del personaje vacío que fomenta el negocio televisivo chileno.
Alguna vez o muchas veces he escuchado que estos personajes, en su mayoría nefastos, sin posición política ni de tipo alguno por lo menos sirven al ciudadano para evadir sus preocupaciones, escapar de sus miserables o pobres vidas, de sus deudas, de la esclavitud eterna crediticia. En lo personal este argumento es una soberana estupidez.
¿Tan poco se quiere una persona, un ser humano para estar tres, cinco, ocho horas a pleno sol y luego durante la noche, limosneando, mendigando la mirada de dientes marmóreos de un tal Rafael Araneda, el clásico animador chilensis, al estilo Antonio Vodanovic, Raúl Matas, César Antonio Santis en plena dictadura y ya en democracia que nunca opinaron o han opinado de nada? Ojo y no hablo de política partidista, hablo de opinar sobre algo que no sea su nauseabunda burbuja televisiva que lo premia con sueldos nada más alejados del mínimo o la media nacional. ¿Y cuál es su aporte? Nada. Para el medio de comunicación, todo.
Esos y cientos más son los que han servido de herramienta perfecta para perpetuar la ideología del “no me interesa”, “me carga la política”, “déjennos ser felices amargados” que escuchamos diariamente de aquellos que les queda grande el rótulo pueblo, porque ya no lo quieren (les da vergüenza en sus metas de aspiración socioeconómica) o lisa llanamente no lo merecen.
¿Los exculpo? Para nada. Como no comparto el opio televisivo, para sedarlos y hacerlos más felices por unas horas, tampoco le arrogó exclusividad absoluta de yerro a los medios masivos de comunicación. En esa Bizantina discusión de quien tiene la culpa los medios o la gente porque eso es lo que desea ver, hay responsabilidades no sé si compartidas, pero sí un porcentaje no menor que le ataño a esta población, al televidente.
“No se trata de una fuga, en la cual el auditor se enfrenta al aparato sin mirar, sin emocionarse. Se trata del goce de un placer que se consigue por el involucramiento. Se trata de una actividad que, aún siendo pasiva, es conectiva.” (Moulian Tomás, 1998, El Consumo me consume, Santiago de Chile, Libros del Ciudadano, LOM, pág.26)
Pues esas miles de personas que se enfrascan en tumultos para obtener el mejor lugar y observar por unos segundos el caminar de la figura de moda, también tienen la libertad de no hacerlo, detrás de la pantalla o en persona. En persona aprovechando el día para ir a la playa, al cerro, al campo, caminar, leer, sí aunque suene raro leer. A la distancia haciendo lo señalado anteriormente, cambiando de canal o mejor apagando la T.V.


Siempre hay una luz al final del túnel, hasta que la apagan.

Mientras los puntos más altos del endiosado “rating” lo marca el vestido de una tal Tonka Tomicic y el sistema infla su pecho ganador y pletórico al observar como la masa se arrastra y se entrega a la “promesa” de algún día ser como ellos, a costa de la visión que somos pobres porque lo merecemos o los ricos lo tienen todo porque son inteligentes, los chilenos pierden todo lo ganado durante el 2015 en las AFP`s, pasa a segundo plano Longueira y su corrupción espuria, el intento de anulación de la Ley maldita de pesca, huelgas, despidos, injusticias, el Chile real. Desaparecen las otras noticias, (si es que el vestido o los senos operados turgentes de la modelo del momento son noticia) los periodistas son abducidos por un par de traseros en espera de un piscinazo y la foto en primera plana de una supuesta reina que por tener el mejor “derriere” de la orgía festivalera, merece las loas y atenciones, como si esa parte del cuerpo no excretara como la del millón de imbéciles que babean por unos minutos mientras ésta posa.
Pero siempre hay una esperanza, un cartel que aparece entre tanto flash de celular coreano que expresa: “Con sus vestidos me pago la U” y llego a esta reflexión final producto de toparme con un puñado de programas del cable, que me libera a veces de la bazofia televisiva oficial mencionada en la primera parte de esta columna.
Cultura Verdadera, Ojo con el Libro, El Séptimo Vicio, La belleza de pensar, Al sur del mundo, Ojo en Tinta o algunos de los buenos documentales de la señal ARTV, purifican mi estado de desconfianza plena a los medios tradicionales. Hay una pequeña isla entre el océano barbárico televisivo del matinal y la teleserie con trama clásica del amor del rico con la pobre o viceversa.
En ese complejo navegar, años atrás, me encontré con el programa OFF the Record de la señal canal 13 cable. Si bien es cierto, este canal como casi la totalidad de los existentes en Chile no son de mi devoción, me llamó la atención por el acercamiento a la cultura y el trato que hacía el mismo con aquella que nace desde el margen, donde están las verdaderas raíces de nuestro pueblo.
Pero mi comentario no queda sólo en eso, sino que apunta a un hecho específico ocurrido en ese programa. El invitado de ese día, era el organizador del 1er ciclo de cine internacional a realizarse en la población La Victoria, una actividad a puro pulso pues ni el gobierno ni obviamente ningún medio televisivo fue capaz de promocionar y promover. El proyecto era loable, digno de admiración y un ejemplo a seguir. De lo mismo pude sacar conclusiones bastante importantes: La primera se traduce en nuestra constante manifestación de crítica al nivel cultural chileno, sea en la literatura, pintura, educación, etc. La masa está completamente alejada de las artes, de la cultura y ésta solo se relega a patriadas y esfuerzos personales de quienes quieren aportan al país en la creación y el saber.
¿Pero están los medios masivos de comunicación interesados realmente en la cultura? ¿Le interesa a la televisión y los diarios acercarnos a ella y promoverla?
Para mí el no es rotundo y categórico como señalé en párrafos anteriores, estos sólo cumplen el rol de instalar una ideología del consumo y el no pensamiento como arma de adormecimiento de la sociedad, ergo, seguir ostentando el poder y sus privilegios de clase. Mega por ejemplo, el canal preferido por la clase media y baja de la población está controlado por el Grupo Bethia de la familia Solari -Falabella, top ten de la riqueza en Chile, su dueña Liliana Solari, está entre las tres mujeres más adineradas, detrás de las viudas de Angelini y Lucksic. Ese es el canal del Mucho Gusto, Morandé con Compañía, el patético reality Volverías con tu ex, la Doctora Polo, una programación miserable. Eso es lo que le encanta ver a la masa chilena, quien gana, los mismos de siempre, la multimillonaria señora Solari, derechista acérrima por lo demás. Según el último ranking Solari Falabella y familia se ubicaban en el puesto 782 del listado mundial y 8 en Chile, con una fortuna de US$ 2.200 millones. El negocio anda, la cultura de la basura ídem.
Otro de mis argumentos nace de la emisión del mismo programa. El organizador del evento señalaba que ningún medio, ni siquiera un diario (salvo Punto Final) fue capaz de dar cobertura a tal iniciativa, es más, llamó a varias televisoras incluída TVN y hasta el día de hoy espera respuesta. La población La Victoria etiquetada por los medios como gen de la delincuencia, la violencia y la droga vende más a este sistema capitalista desde esa mirada, que resaltando las maravillosas cosas que se realizan en ella. No terminaba de molestarme y empezar a despotricar contra la influencia nociva de los medios, cuando el invitado expresa una última aseveración: "Los únicos que me llamaron fueron los de un programa "X " preguntando por la droga en la Victoria y su relación con el caso de "los guatones".
En ese momento mi enfado fue total, y además termina por reafirmar mi segunda conclusión: "a los medios de televisión impregnados del sistema, y perpetuadores del mismo, no les interesa la cultura sino reproducir el morbo y la ignorancia perpetuadora de las clases".
A modo de síntesis

Por lo expuesto y un sinnúmero de ejemplos más que hoy no vienen al caso, concluyo que no hay otra explicación para emitir asiduamente en los canales de televisión, programas relativos a la farándula, realitys, teleseries livianas de leitmotiv dramático y sendos reportajes de repetidos y trillados temas que adornan los discursos populistas de la derecha chilena, que reproducir a través de estos, la orquestada ideología neoliberal de los dueños de la televisión, con el propósito de conseguir el adormecimiento de las conciencias a través de lo liviano, la risa, la inserción en un mundo falso, idílico, vacío.
Esa entrevista y mi conocimiento por años de jóvenes que sí están trabajando y creando en Chile, me permiten aseverar que se está realizando cultura en nuestro país, hay creadores, hay iniciativas, pero lamentablemente, está condenada a bregar y romper la exclusión y la discriminación de un sistema que ideológicamente está ocupando a los medios televisivos como arma letal para mantenernos en la más completa y aberrante inopia intelectual. La televisión finalmente se ha convertido en el arma predilecta y más eficaz del neoliberalismo que apunta a instalar un sujeto consumista, indolente, hedonista e individualista. El nuevo opio del pueblo del que hablaba Marx ahora es televisivo, pero algo debemos tener en claro, no sólo existen culpables en los que sedan, también en los que se dejan sedar. Y en Chile al parecer hay millones. ¿Podremos cambiarlo algún día?

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